Presupuesto y fugas: la batalla del agua en los barrios altos de Naucalpan

Vecinos de las zonas altas organizan turnos nocturnos para verificar la presión del suministro hídrico mientras los municipios enfrentan redes obsoletas.

GESTIÓN URBANA

10/15/20262 min read

En las laderas empinadas de Naucalpan, el chasquido seco de una tubería vacía es el sonido más temido durante la noche. Durante meses, comités vecinales han tenido que aprender a interpretar las lecturas de los manómetros comunitarios para anticipar qué calle recibirá apenas unas horas de bombeo tandeado.

La fragilidad de la red subterránea

El problema hídrico mexiquense no es únicamente la reducción de caudales asignados al sistema Cutzamala, sino el deterioro de ductos locales instalados hace más de cuatro décadas. En los asentamientos consolidados entre cerros y barrancas, la presión intermitente revienta las uniones de asbesto y hierro, perdiendo hasta un tercio del caudal bombeado antes de llegar a los tinacos domésticos.

Vigilancia comunitaria ante el costo del tandeo

Frente a la escasez, el mercado privado de camiones cisterna impone precios variables que golpean desproporcionadamente a los hogares con menores ingresos. La vigilancia ciudadana en asambleas de barrio ha logrado que los organismos de agua transparenten el calendario de llenado de tanques maestros, aunque las soluciones de fondo exigen inversión en sectorización y medición de caudales.

La gestión hídrica municipal ya no puede depender de la improvisación ante cada temporada de estiaje. Sin una sustitución metódica de ramales secundarios y una fiscalización estricta de las obras hidráulicas, el agua potable seguirá siendo un motivo de fractura social en la periferia urbana.